La trayectoria que describen algunos cuerpos en el espacio obedece a ciertas fuerzas, algunas son lineales y otras circulares o curveas. Dentro de las líneas circulares se tienen dos tipos de fuerzas, la fuerza centrífuga y la fuerza centrípeta.

La fuerza centrífuga es la más conocida de las fuerzas circulares descritas anteriormente. Esta fuerza consiste en que, si a un objeto se le somete a un movimiento circular, existe una fuerza que lo aleja del centro del círculo, un claro ejemplo de ello es que, si se tiene una botella en la mano y se la aplica un giro en el aire haciendo círculos con ella, se observará que el agua de su interior forma un remolino; esto se debe a la fuerza
centrífuga. El mismo procedimiento se aplica en algunos laboratorios cuando se hacen pruebas de sangre.

 

Algunos otros ejemplos de fuerzas centrífugas son en los ciclos de lavado, en algunos juegos como los trompos, algunos huracanes, o en los patinadores, donde abren o cierran los brazos para generar mayor fuerza y poder seguir girando sobre la pista.

El origen etimológico de centrífuga es: en mecánica la fuerza ‘centrífuga’ es la que aleja del centro. El adjetivo procede del latín científico ‘centrifugus’ compuesto de ‘centrum’, heredado del griego ‘kentron’ – κέντρον’ (aguijón, punta del compás), y del elemento verbal latino sacado de ‘fugere’ (huir, alejarse).

Referencias de consulta
Echeverri, C. A. (2006). Diseño óptimo de ciclones.
Revista Ingenierías Universidad de Medellín, 5(9), 123-139.